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Volt, un eléctrico que no estresa

Mario Herráez



Hasta ahora, cada vez que he tenido que probar un coche eléctrico (no un híbrido) ha supuesto una pequeña agonía. Vivo a las afueras de la ciudad y los desplazamientos suponían enfrentarme al reto de llegar a casa con las pilas cargadas... De momento, la mayoría de los coches de cero emisiones tienen vocación urbana, son pequeños utilitarios que lo pasan mal en carretera.

Por eso me ha gustado mucho conducir durante unos días el Chevrolet Volt, la propuesta de General Motors (Opel también lo vende como Ampera) en lo que se ha dado por llamar eléctricos de autonomía extendida. Sin entrar en farragosas explicaciones técnicas (que además exigirían más espacio del que disponemos), la idea se resume en un coche con motor eléctrico, y por tanto de cero emisiones, que dispone de una determinada autonomía y que se complementa con otro propulsor de explosión que entra en acción de forma automática cuando las baterías que alimentan al primero se agotan. Es decir, un eléctrico que nunca nos dejará tirados... salvo que nos olvidemos también de pasar por la gasolinera, claro.

El resultado de esta combinación es interesante, ideal diría para la ciudad y prometedor en cuanto a los desplazamientos interurbanos se refiere. La autonomía de las baterías para movernos por una gran urbe es suficiente para un uso medio, ya que puede alcanzar sin grandes problemas los 80 kilómetros. En carretera el asunto es algo más delicado; en una conducción típica, con promedios en torno a los 100 km/h, el radio de acción difícilmente superará los 40 kilómetros, una distancia todavía escasa para plantearnos determinados desplazamientos.

Pero lo mejor del asunto es que cuando las baterías se acaben (si es que no hemos podido recargarlas previamente en una toma eléctrica convencional), el motor de gasolina de 1,4 litros y 85 CV entra en funcionamiento sin que apenas nos demos cuenta y podremos seguir circulando con absoluta normalidad, olvidando para siempre ese estrés de vernos en la cuneta llamando a la grúa. Porque por lo demás, el Volt se mueve y se disfruta como cualquier otra berlina de su estilo. Acelera con muchísimo brío, pese a que su velocidad máxima sí resulta algo limitada, y disfruta de un buen comportamiento dinámico. Sólo hay que tener en cuenta que las distancias de frenado son largas, porque retiene poco y el cambio automático tampoco ayuda.

Sin duda, un paso más hacia un futuro de la automoción mucho más limpio y sostenible.

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